Espejo.
“Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era”.
Santiago1:23-24
En este pasaje Santiago hace la comparación de obedecer la palabra en base a mirarnos en un espejo. ¿Cuándo nos miramos en un espejo que vemos? ¿Vemos en lo que nos estamos convirtiendo a través de los días? ¿O solo lo vemos como si no pasara nada? ¿Podemos ver esa nueva identidad que nos da Jesús? Veamos como Pablo si se miraba al espejo, y reconocía que le costaba mucho trabajo ser obediente, como lo dice en Romanos 7:19-20 “Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí”. El reconoció el pecado en su vida. Al mirarnos al espejo hay que reflexionar y ver en que nos estamos convirtiendo, si somos controlados por el Espíritu o si somos controlados por el pecado.
Al mirar el espejo podemos ver eso, si estamos haciendo lo correcto. Vemos si estamos estancados en hábitos del pecado que poco a poco se van haciendo tan normales en nuestra vida que ya pensamos que no son pecado.
Hay que mirarnos a nosotros mismos con un ojo crítico. Esta mañana cuando te miraste al espejo, ¿Estas contento con lo que eres hoy en día? ¿Te gusta lo que ves? ¿Qué haremos al respecto? Hay que leer la Biblia y aplicarla en nuestras vidas en un acto de obediencia. En esa obediencia hay que ser más saludable y no solo estoy hablando de lo espiritual, sino también en lo físico.
¿Estas luchando con lo que ves en el espejo? ¿Hay áreas en tu vida que le debes dejar el control a Dios? ¿Hoy en día estamos controlados por Dios o por el pecado?
“Señor quiero ser obediente a tu palabra, que cada mañana que me vea al espejo pueda ver transformada y controlada mi vida por ti, en el nombre de Jesús, amen”.
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